La guerra con Irán ha llevado a las fuerzas estadounidenses a utilizar inteligencia artificial más que en cualquier otro conflicto previo. Para ello, el Pentágono ha recurrido a enormes volúmenes de datos provenientes de satélites, inteligencia de señales y otras fuentes, procesados mediante programas desarrollados por contratistas como Palantir Technologies.
De acuerdo con múltiples fuentes familiarizadas con las operaciones militares estadounidenses, herramientas de IA como Claude, desarrollada por Anthropic, han permitido analizar información a una velocidad muy superior a la humana, identificando posibles objetivos de ataque para los comandantes militares.
La creciente presencia de estas herramientas en el campo de batalla ha despertado serias interrogantes sobre su posible papel en errores militares y víctimas civiles.
Congreso cuestiona el uso de IA en ataques militares
Algunos legisladores demócratas han presionado al Pentágono para esclarecer si la inteligencia artificial pudo haber influido parcialmente en el ataque estadounidense de febrero contra una escuela primaria iraní, hecho que, según medios estatales de Irán, dejó al menos 168 niños muertos.
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, ha insistido en que las decisiones letales continúan bajo control humano y no de sistemas automatizados.
“Nosotros cumplimos la ley y los humanos toman decisiones. La IA no toma decisiones letales”, declaró Hegseth ante el Comité de Servicios Armados del Senado la semana pasada.
Los portavoces del Pentágono también han reiterado que el uso militar de inteligencia artificial se mantiene dentro del marco legal vigente. Sin embargo, expertos señalan que las normas actuales no establecen límites claros sobre en qué etapas de la denominada “cadena de ataque” puede intervenir la IA.
Debate ético y legal sobre la velocidad de la IA
Especialistas en derecho militar advierten que la velocidad con la que la inteligencia artificial procesa información y asiste en la toma de decisiones plantea nuevos desafíos éticos y jurídicos, especialmente sobre cuándo y con qué frecuencia debe intervenir un ser humano antes de ejecutar un ataque.
La falta de restricciones específicas ha intensificado el debate público sobre el uso ético de la IA en conflictos armados.
Actualmente, el Pentágono mantiene una compleja disputa legal con Anthropic, luego de que la compañía buscara imponer ciertas limitaciones al uso militar de su tecnología. Hegseth llegó a calificar al CEO de la empresa, Dario Amodei, como un “lunático ideológico” por esa postura.
Gary Corn, exasesor jurídico adjunto de la Oficina del Jefe del Estado Mayor Conjunto, resumió el dilema señalando que “la historia se reduce a la rapidez con la que uno decide —o puede permitirse no hacerlo— usar las tijeras”, en referencia a la acelerada implementación de estas tecnologías.




























































