

El daño de las bebidas carbonatadas y saborizadas en la microbiota intestinal no es agudo, sino acumulativo a lo largo de los años
Por myeilis Flores
eldiariony.com .– para las personas que buscan opciones para mantenerse hidratadas y mantener a raya los niveles de azúcar, el agua con gas, la bebida saborizada y la gaseosa cero son una alternativa. Sin embargo, y a pesar de que no tienen azúcar, están cargadas de sustancias que afectan a largo plazo la microbiota intestinal, aumentando el riesgo de enfermedades crónicas y afectando los niveles de azúcar en sangre.
La diabetes y el cáncer colorrectal, son dos de las enfermedades que cobran la vida de miles de personas cada año en la ciudad de Nueva York. Todo comienza por lo que comemos y, por esta razón, es clave saber cuál es el efecto de estas bebidas que parecen inocentes, pero que, aunque no tienen un daño inmediato, hacen mella en nuestra salud.
La nutricionista Adriana Pinillos ,explica cómo estas tres bebidas —que se han convertido en tendencia por no contener azúcar— afectan lentamente la salud intestinal y, a largo plazo, la salud en general.

Más allá de las calorías
Pinillos, indica que, más allá de las calorías, hay un riesgo real al consumirlas a diario.
Para ser más exactos, la doctora cita un estudio publicado en la revista Cell en el 2022 que, mostró que la sucralosa y la sacarina alteran significativamente la microbiota y la respuesta glucémica en muchas personas sanas con dosis equivalentes al consumo cotidiano normal, no con dosis extremas ni excesivas.
- Agua con gas: ¿inofensiva o irritante?
Aunque el agua con gas tiene algunos beneficios para la salud —en especial para las personas a las que no les gusta tomar agua sola y disfrutan esa sensación de efervescencia—, lo cierto es que cuando llega al estómago aumenta la presión interna y estimula la producción de ácido.
Lo que se traduce en una mayor irritación de la mucosa gástrica, acidez, distensión y, en personas con predisposición, va a agravar una gastritis que ya existe sin que de pronto tú lo supieras.

- Aguas saborizadas: la trampa para tu microbiota
Aunque para muchos las aguas saborizadas son más sanas que los refrescos tradicionales y parecen inocentes, están llenas de “aditivos que llegan al intestino y cambian el ambiente donde viven tus bacterias”.
La nutricionista advierte que, la microbiota no se alimenta de este tipo de químicos, lo que trae como consecuencia que poco a poco vayan desapareciendo las bacterias buenas, y ahí es donde aumentan las bacterias malas.
- Gaseosa cero: endulzantes que alteran tu digestión

Más allá del sabor: las bebidas azucaradas son la principal fuente de azúcares añadidos y un factor de riesgo directo para la diabetes tipo 2 y la salud cardíaca. Desmitificamos por qué los jugos, tés comerciales y energéticas no son tan inofensivos como parecen.
Una de las bebidas con mayor auge en la industria alimentaria por contener cero azúcar llega de la mano de influencers por su presunto perfil saludable, bajo el argumento de que te tienes que consumir como 300 en el día para que sean malas para tu salud.
Sin embargo, no tienen azúcar, “pero tienen sustancias como el aspartame, el acesulfame y polialcoholes; compuestos que el cuerpo no digiere e ingresan intactos al intestino grueso”.
Las consecuencias para la flora intestinal son contundentes: “Las bacterias los van a fermentar, y esa fermentación produce gas, mucho gas. Ese gas produce una presión, dolor y mayor distensión abdominal. Ese abdomen inflado que tienes y no entiendes de dónde viene, muchas veces es por el consumo de este tipo de bebidas”.
La doctora Pinillos, es clara: aunque consumas una porción pequeñita y sientas que no estás ingiriendo grandes cantidades de químicos, más allá del gas, lo más importante es tener en cuenta que esa fermentación favorece que ciertas bacterias se multipliquen por encima de las que nos benefician.

Daño agudo vs. daño acumulado
Los riesgos van más allá de las cantidades extremas, como recuerda la doctora. Por lo que, aunque dos bebidas light pueden estar dentro del rango ‘seguro’, hay otro riesgo casi imperceptible: el daño acumulado.
“El daño agudo es el que te mata rápido, requiere dosis altas y ahí les doy la razón. Pero el daño a tu microbiota no funciona así: funciona como el agua sobre la roca. No la parte de un golpe, la parte poco a poco”.
Para tener una magnitud de cómo actúan estas sustancias en el intestino, Pinillos recuerda que la microbiota intestinal es clave para digerir todo lo que comemos cada día: polifenoles, carbohidratos, glucosa… Sin embargo, con el deterioro progresivo, las bacterias buenas van muriendo y justamente este es el origen de las enfermedades crónicas.
Por esta razón, “de repente tu glucosa empieza a subir y le echas la culpa a los carbohidratos, pero nadie está mirando el daño silencioso del día a día, el que le hiciste a tu intestino durante muchos años”.
Pinillos, aclara que hay otros factores que influyen, como la genética, la microbiota de base, la cantidad de ultraprocesados que consumes todos los días, los niveles de estrés que cargas y las horas de descanso.

¿Qué sí debes tomar para cuidar tu intestino?
La solución es bastante simple para la experta: sustituir el consumo de bebidas carbonatadas por agua e infusiones, como: té verde, manzanilla, menta (sin endulzar, por supuesto), agua con jengibre, limón en las mañanas o agua de jamaica.
Se trata de bebidas funcionales que mejoran la actividad intestinal y aportan nutrientes que regeneran la flora bacteriana.
Para concluir, recuerda la experta que la inflamación no siempre viene de lo que comes; a veces viene de lo que tomas creyendo que es la decisión correcta.



































































