
Una obra que promete descongestionar el tránsito del Gran Santo Domingo, pero que deja a su paso demoliciones, familias desplazadas y reclamos por indemnizaciones

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SANTO DOMINGO.R.D. — Entre el ruido de las pulidoras, el movimiento constante de maquinarias pesadas y el ir y venir de las brigadas de construcción, avanza a toda marcha la ampliación y remozamiento de la avenida República de Colombia, una de las principales arterias viales del Distrito Nacional.
Las labores, ejecutadas por brigadas de las empresas contratadas por el Ministerio de Obras Públicas MOPC, y dirigidas en el terreno por el ingeniero Jarico Urtado, forman parte de una intervención integral que busca transformar la movilidad en este importante corredor y reducir los prolongados congestionamientos que diariamente afectan a miles de conductores.
El proyecto se extiende desde el kilómetro 13 de la autopista Duarte, hasta la avenida de Los Próceres e incluye la construcción de túneles, pasos a desnivel y puentes destinados a eliminar cruces semaforizados y facilitar la conexión entre las avenidas República de Colombia, Jacobo Majluta y Monumental.

Pero mientras, las máquinas avanzan y la infraestructura comienza a cambiar el rostro de la zona, detrás de las paredes demolidas también queda la historia de cientos de familias que durante décadas hicieron vida en estos sectores.
UNA OBRA QUE CAMBIA EL PAISAJE
En el barrio Cuba y en Paseo del Arroyo, las brigadas trabajan además en la reubicación del tendido eléctrico, una intervención necesaria para permitir el desarrollo de las nuevas infraestructuras.
El paisaje es hoy muy diferente al de meses atrás. Viviendas y estructuras comerciales han sido demolidas para abrir espacio a la obra, mientras equipos pesados trabajan en diferentes frentes.

Para algunos residentes y comerciantes, sin embargo, el proceso representa incertidumbre y preocupación.
José Rodríguez, comunitario de la zona, advierte sobre las dificultades que han generado los cambios y considera que el proceso también representa riesgos para quienes permanecen en el entorno.
Mientras tanto, continúa la construcción del puente sobre la cañada Arroyo Hondo, una estructura que tendrá una conexión directa con el túnel que atravesará la avenida Carlos Pérez Ricart.
La obra, es considerada una pieza fundamental dentro del nuevo esquema vial que se proyecta para este perímetro.
EL OTRO ROSTRO DE LA TRANSFORMACIÓN
Sin embargo, el progreso de la infraestructura contrasta con el reclamo de familias que aseguran haber quedado afectadas por los desalojos.

Residentes como Ramón Bonilla, denuncian que cientos de familias que ocuparon esos terrenos durante más de 40 años todavía esperan el cumplimiento de compromisos relacionados con el pago de sus propiedades.
Para ellos, la transformación vial tiene un alto costo humano.
Los afectados, aseguran que las indemnizaciones recibidas o prometidas no son suficientes para adquirir una vivienda digna en las mismas condiciones que tenían antes de ser desplazados.
Para las autoridades, esto representa una intervención necesaria para modernizar la infraestructura vial, para muchas familias significa comenzar desde cero, lejos del lugar donde construyeron sus hogares, relaciones comunitarias y buena parte de sus vidas.
Algunos residentes que, prefirieron no hablar frente a las cámaras, expresaron su tristeza por la división de familias, los problemas de salud y las dificultades económicas que, según aseguran, han surgido durante el proceso
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Incluso, relataron que algunas familias han tenido que enfrentar momentos de profundo dolor, y pérdidas mientras intentan adaptarse a una nueva realidad.
NO TODOS VEN LA OBRA CON PREOCUPACIÓN
Pero no todos los residentes tienen la misma percepción.
Para Gregorio Morillo, quien se encuentra a la espera de que avance su proceso de desalojo, la construcción de estas nuevas infraestructuras representa una solución importante para el tránsito de la zona,expreso Morillo.
La expectativa es que, una vez concluidos los trabajos, miles de conductores puedan desplazarse con mayor rapidez entre importantes avenidas del Distrito Nacional y el gran Santo Domingo.
UNA TRANSFORMACIÓN CON DOS CARAS
La ampliación de la República de Colombia, representa, sin dudas, una de las intervenciones viales de mayor impacto en este perímetro.
Túneles, puentes, pasos a desnivel, reubicación de redes eléctricas y nuevas conexiones viales prometen modificar por completo la circulación vehicular y reducir los puntos de conflicto que durante años han generado congestionamientos.
Pero la transformación también deja una pregunta pendiente: ¿cómo equilibrar el desarrollo de grandes obras de infraestructura con las necesidades y derechos de las familias que deben abandonar los espacios donde han vivido durante décadas?
Mientras, las pulidoras continúan encendidas y las maquinarias avanzan en donde antes existieron viviendas y negocios, la República de Colombia, comienza a tomar una nueva forma.
Una transformación que promete mayor movilidad para miles de ciudadanos, pero que también mantiene abierta una deuda social para quienes aseguran haber pagado el precio más alto de este proceso: dejar atrás su hogar para darle paso al progreso.
La construcción de estas obras ,están llamadas a impactar positivamente la movilidad de numerosos sectores del Distrito Nacional y el Gran Santo Domingo.
Por ahora, entre polvo, concreto, maquinaria y demoliciones, la transformación continúa.




































































