Por Yoselin Reyes
Santo Domingo, RD.– La escogencia de Juan Garrigó, como secretario general del Partido Revolucionario Moderno (PRM), marca el inicio de una nueva etapa en la que deberá demostrar que su elección puede traducirse en liderazgo, organización y cohesión dentro de la principal fuerza política oficialista.
Más que ocupar una posición de dirección, la Secretaría General , representa el desafío de fortalecer la estructura partidaria, mantener el contacto con las bases y contribuir a la formación de nuevos liderazgos.
El PRM, enfrenta ahora una realidad distinta a la de sus primeros años, cuando su principal objetivo era alcanzar el poder. Como partido de gobierno, tiene ante sí la responsabilidad de mantener una organización cohesionada, disciplinada y cercana a su militancia.
En ese contexto, uno de los principales retos de Garrigó, será evitar que la dirección partidaria se distancie de las bases que han sostenido el proyecto político en barrios, comunidades y diferentes demarcaciones del país.
La Secretaría General está llamada a convertirse en un espacio de articulación entre la dirigencia nacional, las estructuras territoriales y la militancia, promoviendo el diálogo y una mayor participación en las decisiones partidarias.
Otro desafío será impulsar la renovación generacional. La incorporación de jóvenes preparados, con vocación de servicio y capacidad de liderazgo será fundamental para garantizar la continuidad y evolución de la organización.
La renovación, sin embargo, no implica desplazar a quienes han construido el partido, sino generar oportunidades para que nuevas generaciones puedan asumir responsabilidades y aportar sus capacidades al proyecto político.
La unidad interna también ocupará un lugar determinante en la gestión de Garrigó. Como ocurre en toda organización política, dentro del PRM existen distintas aspiraciones, posiciones y visiones. El reto estará en convertir esas diferencias en mecanismos de participación y competencia democrática, evitando que se transformen en confrontaciones que puedan debilitar la cohesión partidaria.
En ese escenario, el nuevo secretario general deberá asumir un papel de articulador, con capacidad para escuchar, dialogar, generar consensos y administrar las expectativas de los diferentes sectores de la organización.
Su gestión también será observada de cara a los próximos desafíos electorales, para los cuales el PRM necesitará fortalecer sus estructuras, mejorar sus mecanismos de organización y mantener una militancia activa y comprometida.
La llegada de Juan Garrigó representa, por tanto, una oportunidad para fortalecer el partido desde adentro, acercar la dirección a las bases, promover nuevos liderazgos y responder a las nuevas demandas de la sociedad dominicana.
En política, los cargos se reciben, pero el liderazgo se construye. Garrigó ya tiene la responsabilidad de dirigir una de las principales estructuras del PRM; ahora tendrá que demostrar, mediante su trabajo y sus resultados, la capacidad para convertir esa responsabilidad en liderazgo efectivo.
Porque una elección puede colocar a un dirigente en la primera línea, pero solo los resultados pueden convertirlo en un verdadero líder.



































































