Puerto Principe, Haití. –. Mientras miles de personas abandonan sus hogares para escapar de las bandas armadas, decenas de miles de haitianos son enviados de regreso desde otros países hacia un territorio donde la violencia continúa desplazándose desde Puerto Príncipe hacia comunidades que hasta hace poco parecían relativamente protegidas.
La dimensión de esta contradicción quedó expuesta ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: casi 200,000 personas han sido devueltas forzosamente a Haití durante los primeros ocho meses de 2026, unas 20,000 más que en el mismo período del año anterior, según datos de la ONU citados por medios de comunicación.
Los retornos se producen cuando Haití ya registra 1.47 millones de desplazados internos, aproximadamente el 12 % de su población. Es decir, mientras otros países envían haitianos de regreso, dentro del propio territorio una parte considerable de la población se ve obligada a desplazarse constantemente en busca de lugares donde refugiarse de la violencia.

El escenario migratorio se complica aún más después de que la Corte Suprema de Estados Unidos avalara en junio la política de eliminar el Estatus de Protección Temporal (TPS) para los haitianos, una medida ordenada por la Administración federal bajo el argumento de que las condiciones del país han mejorado lo suficiente.
Sin embargo, la violencia continúa cobrando vidas. Al menos 2,310 personas murieron en Haití durante los primeros cinco meses de 2026, de acuerdo con cifras registradas por la agencia EFE.
El contraste adquiere mayor dimensión tras la matanza de Kenscoff, donde al menos 47 personas murieron y más de 50 fueron secuestradas. Entre los fallecidos habría cinco niños, mientras que 22 personas fueron asesinadas dentro del recinto de una iglesia donde habían buscado protección.
La Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití (BINUH) informó que 3,050 personas murieron durante el primer semestre de 2026, mientras que más de 21,000 han perdido la vida desde comienzos de 2022.
A esto se suma el aumento de los secuestros con fines de rescate, que se incrementaron un 47 % durante el segundo trimestre.
A la violencia se suma una grave crisis alimentaria. Alrededor de 5.8 millones de personas enfrentan niveles elevados de inseguridad alimentaria, mientras las organizaciones humanitarias intentan operar en un territorio donde las carreteras, los desplazamientos y el acceso a numerosas comunidades están condicionados por los grupos armados.
Ante esta realidad, el papa León XIV reclamó este domingo la liberación “sin demora” de las personas secuestradas en Haití tras la masacre de Kenscoff y exhortó a las autoridades a garantizar la seguridad de la población.
La situación plantea una pregunta cada vez más difícil para los países que aceleran las deportaciones y los retornos:
La respuesta aparece en las propias estadísticas de Naciones Unidas: un país con más de un millón de desplazados internos, miles de muertos, millones de personas con dificultades para alimentarse y amplias zonas de la capital bajo la influencia de organizaciones criminales.
La crisis humanitaria y de seguridad coloca nuevamente a Haití ante una de sus mayores encrucijadas: mientras su población continúa huyendo de la violencia dentro y fuera de sus fronteras, aumenta el número de personas que son obligadas a regresar a un país que todavía lucha por recuperar el control de su territorio.



































































